


Un escenario para celebrar la constancia de cuatro pequeñas bailarinas
Durante cinco meses, cuatro niñas de la comunidad de Vega del Mayab, llegaron con entusiasmo a las clases de Danzas Polinesias. Lo que comenzó como un taller para aprender baile hawaiano y tahitiano se convirtió poco a poco en un espacio donde desarrollaron disciplina, seguridad y confianza. Detrás de cada coreografía hubo horas de práctica, correcciones y el compromiso de regresar semana tras semana para seguir aprendiendo.
Acompañadas por la maestra Fernanda Namur Flores, licenciada en Educación y apasionada por la danza, Mia Valentina, Amari Joana, Zara y Jade Yasmín vivieron un proceso que fue mucho más allá de aprender nuevos pasos. Cada clase representó una oportunidad para sentirse cada vez más seguras al bailar, fortalecer su coordinación y disfrutar cómo, con cada clase, iban superando nuevos retos.
Conforme el taller avanzaba, también crecía la ilusión de compartir con sus familias todo lo aprendido. La maestra propuso realizar una clausura que permitiera reconocer el esfuerzo que las niñas habían sostenido desde el inicio del taller. Para ellas, la idea de presentarse frente a sus seres queridos representaba el cierre de un camino recorrido con dedicación y el orgullo de mostrar el fruto de meses de trabajo.
Sin embargo, cuando el evento comenzaba a tomar forma, las lluvias y el aumento de mosquitos complicaron la posibilidad de realizar la actividad en el espacio que originalmente se tenía contemplado. El reto consistió en encontrar una alternativa que permitiera que las alumnas vivieran ese momento que tanto esperaban.
Gracias a las gestiones realizadas con el Ayuntamiento de Conkal, fue posible utilizar un espacio donde las niñas pudieron presentar sus coreografías en un ambiente más cómodo para ellas y sus familias.
Finalmente, madres, familiares y amistades acompañaron a las alumnas durante la clausura del taller, siendo testigos del crecimiento de cada una. La emoción de las familias, la satisfacción de la maestra y la alegría de las niñas reflejaban en aquella presentación todo lo que habían construido a lo largo de cinco meses de aprendizaje.
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Al finalizar, los aplausos fueron mucho más que un reconocimiento a una coreografía bien ejecutada. Como parte de este momento, cada una de las alumnas recibió un diploma que reconoció su dedicación y el compromiso con los que concluyeron el taller. Para las cuatro niñas, esta clausura marcó el final de un ciclo, pero también el inicio de la confianza que nace cuando se descubre que el compromiso y la perseverancia siempre encuentran una forma de hacerse visibles.

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